![]() |
el país | el mundo | dinero | águila y sol |
| medios | ciberia | gente | mañana | |
| tianguis | libros | cultura | espectáculos |
|
puros cuentos
Jaimeduardo García
Lorena Padrón
Fernando Maldonado M.
Miriam Mabel Martínez
Julio Chávez Sánchez
![]() |
La viejita de la vuelta Daniel Ramírez Castillo
Como todos los días, después de dejar la cama, se dirigió al rincón destinado al adoratorio de la divinidad, se hincó sobre sus cansadas extremidades, cansadas de andar y desandar caminos, no muy largos, puesto que desde hacía mucho tiempo sólo recorrían un pequeño tramo, el suficiente para comenzar a trabajar en la pequeña farmacia, en donde hasta los curitas escaseaban. Después de santiguarse y pedir, como piden muchos viejos cuyo único consuelo es la compañía de entes invisibles más viejos que ellos, que la vida no la extrañara tanto y la dejara partir en paz, salió de su vivienda, cruzó el sobrepoblado jardín en donde la vegetación crecía con un dejo de anarquía; en donde también se respiraba ese aire viejo que huele a tiempo percudido, a tiempo ajado, a tiempo perdido… ese tiempo ido y quedado en las arrugas de su piel, en la blancura de su pelo, en lo opaco de sus ojos y en lo cansado de su andar. Sola… solitaria… soledad… Su andar se confundía con la hojarasca arrastrada por el viento, ésa era su característica, siempre se había dejado llevar… pero, ¿qué había detrás de esa anciana? ¿Cuál era su historia? Se referían a ella como "la viejita de la vuelta". Que si se necesitaba una aspirina, "ve con la viejita de la vuelta"; que si pan puerco, "ve con la viejita de la vuelta"; que si pomada de la campana, "ve con la viejita de la vuelta", todo era con la "viejita de la vuelta", no importaba que el punto de partida del emisario estuviera enfrente o en línea recta, siempre era con la "viejita de la vuelta". Su vida era un páramo desierto, en donde la arena se deslizaba suave, incorpórea, apenas perceptible y cubriéndolo todo. A lo lejos se divisaban unos puntos de luz destinados a ser descubiertos por ella, pero el resguardo al que fue sometida por su misterioso amante la anclaba a un espacio pequeño, la inmovilizaba antes de dar un paso, la embriagaba con el sutil perfume de la paciencia, de una paciencia exasperante para los de afuera que, a fuerza de ser ignorados, optaron por abandonar la enorme vitrina en la que se había convertido su existencia. Así, el páramo se tornó ausencia que llenaba a perpetuidad su desolación. La farmacia estaba en la esquina de una céntrica avenida en una colonia que había visto pasar tiempos mejores. Cerca de ahí hay un cine antiguo que ya no funciona, aunque conserva mucho de su esplendor inicial, y enormes construcciones que originalmente formaron parte de la periferia de la ciudad y que hoy, convertidas en vecindades, añoran su dignidad palaciega. Ella, también estrenó la vida, el presente significó no transcurrir, y la vida una mascarada tras la cual se ocultaba un fantasma. Fue cubierta por una burbuja enorme que la resguardaba para reservarla a su primer y único amante… él. Hasta que llegó el viento de la vejez… en algún punto del trayecto se perdió el caudal de vida impetuoso, desparramado en proyectos y metas… quién sabe cuándo… nadie sabe nada… ni ella misma. La enredadera de la indiferencia estrujó inmisericorde un organismo vencido de tanto luchar contra la nada, parecía que mil batallas había intentado, pero nunca inició una sola. Tras el mostrador de la escasa farmacia se distinguía etérea, volátil, su figura enjuta, carcomida, derrotada antes de emprender cualquier lucha, ¿para qué?… el mundo la abandonó, olvidó su permanencia en él. Nada más raro a su ideario que la modernidad; nada más extraño para ella que el cielo gris contaminado; nada más ajeno a su persona que el ruido ensordecedor de los automóviles; nada más apartado en su memoria que las risas infantiles festejando los brazos abiertos y misteriosos del destino. Quizá su alimento era un cielo azul que permanecía prefabricado en un subterráneo, resplandeciente con el deseo de escuchar un bosque lleno de canarios libres de acompañarla con sus cantos en sus carcajadas recónditas… lo más seguro es que ni esto es probable… su torrente estaba seco... Ahora la esquina de "la viejita de la vuelta" ya no existe. Una lluvia torrencial depositó sus aguas en el techo de la vivienda que conoció tiempos mejores. Las paredes se reblandecieron, las grietas se cansaron de resistir el peso de lo inmaterial… de lo ingrávido… de lo inexistente… cedieron ante la fuerza y desbocaron el caudal contenido por tanto tiempo sobre la "viejita de la vuelta", y ese tiempo percudido… ese tiempo ajado… ese tiempo perdido la besó como se besan dos viejos que beben juventud y se escapan por el techo para que sus padres no descubran el amasiato en que han vivido tantos años
|
|
publicidad | suscripciones | anteriores | búsquedas | principal |
|