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Páginas para la etapa anal

Julieta García González

La pequeña hija de M., Sandrine, tomó el micrófono en una comida de altos funcionarios y anunció victoriosa a su madre (sentada del otro lado de la mesa): "Mami, ¡acabo de echarme un pedo! ¡Un gran pedo!". M. es especialmente quisquillosa con las excrecencias, los olores, las sudoraciones. Dice que en su país –uno del Cono Sur– las personas no son tan abiertas al hablar de sus necesidades fisiológicas como los mexicanos. Para M. resulta asombroso y desagradable el desparpajo con que en nuestro país se asume el asunto de "ir al baño". Las elaboradas imitaciones de trozos de excrecencias que venden en los mercados y en las tiendas de bromas exceden su comprensión. Que Sandrine haya salido tan "mexicana" en ese sentido ha hecho reflexionar a M.: "¿Seré sólo yo? Pero no… Allá la gente se muere antes que describir el pedo que se tiraron. Se mueren… Deben ser los frijoles, acá viven con una dieta a base de frijoles y así, pues lo entiendo".

En fin, que para M. no hemos superado la etapa anal en este país. Nos quedamos en una etapa anterior, poco evolucionada, poco elegante, en la que hacemos de nuestras actividades en el retrete una hazaña digna de ser contada. Comparamos a la gente y a las cosas con la caca y, en fin, tenemos desarrollado un código especial en el cual se clasifican actitudes, deseos y desesperanzas dentro del improbable marco que ofrecen las excrecencias ("Se siente la gran caca", etcétera). Pero el mexicano no es el único que orgullosamente ostenta sus logros en el baño ni el único que no ha superado una etapa por demás cuestionable. Para muestra, basta pulsar un botón de la computadora, después de anotar la dirección: www.doodie.com. La página de la caca. Doodie quiere decir algo así como "quequito") es un personaje ficticio inventado por Joel Wilkins. En La página de Doodie hay una caricatura diaria que le enseña al espectador miles de formas (innovadoras, hay que decirlo) de hacer las necesidades diarias. Doodie se sienta en una fotocopiadora con el trasero descubierto, siente el impulso de sus intestinos y, click, presiona el botón para fotocopiar su "producto". Mira a la cámara con deleite y sonríe ante su jefe que aparece de pie, zapateando con furia mientras contempla la escena. Las caricaturas son bastante elementales y la animación es muy breve, de apenas unos segundos (más que suficientes para M., que no puede creer que exista algo así en la red). Las animaciones son bastante bobas (Doodie hipnotizado por un pedazo de caca, los ojos desorbitados y girando con espirales púrpuras; Lefty Gómez pitcheando –desde su montículo– un buen trozo de excremento, los pantalones en los tobillos y la expresión seria) pero suelen ser, por lo menos, creativas.

Pero Doodie son sólo caricaturas. La red alberga excrementos de verdad y en páginas que han ganado premios. Tal vez la más destacada (dentro de la categoría "Humor de baño") sea The shit club: the one and only. Con fotografías de auténticos "y sensacionales ejemplares", con chistes de caca para todo tipo de público, con concursos, un club especializado en hablar de cómo le hicieron el día de la diarrea y chat, The shit club es a la vez fascinante y repulsiva. Ellos hacen una distinción entre su página y las de escatología sexual. En The shit la idea es disfrutar las excrecencias por disfrutarlas. Es decir, esa excrecencia en especial. Forma, color, olor, textura… En fin, son gourmets en materia de producciones fisiológicas.

Otra página interesante es Mierda visual. Imágenes ofencivas(sic) no recomendado para cardiacos. No está dedicada exclusivamente a lo que sale de nuestro cuerpo, sino que incluye monstruos (reales), cadáveres y otras cosas igualmente perturbadoras. Bajo el lema de "no diga que no se lo advertimos", los hacedores de la página previenen al espectador para que no se acerque más, tentándolo a la vez con ofrecimientos de cosas indecibles, de fenómenos jamás antes vistos y de muchas, pero muchas excrecencias


Julieta García González es coordinadora editorial de la revista Origina.

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