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Pliego interminable El núcleo duro de la huelga
Rafael Cordera Campos
No termina la huelga en la UNAM y mientras se mantenga dará mucho que decir. En la reflexión pública ya no tienen cabida ni el tema acerca de si las elecciones que organizaron los paristas fueron bien hechas o realmente captaron la voluntad mayoritaria, ni tampoco si la decisión que tomó el Consejo Universitario al reformar el Reglamento de Pagos es o no constitucional. No, ahora algunos hablan del Banco Mundial, del FMI, de la OCDE y demás. El miércoles 2 de junio el Consejo General de Huelga dio a conocer un pliego petitorio ampliado a 14 puntos y, lo que es peor, "innegociable". Crónica publicó ese mismo día los puntos: "1. Que el rector reconozca al CGH como único interlocutor. 2. Cancelar e invalidar trámites y clases extramuros. 3. Quitar acciones penales. 4. Cese a la violencia contra huelguistas. 5. Recuperar clases perdidas. 6. Regreso al pase automático. 7. Salida del examen único del Ceneval. 8. Diálogo resolutivo y público. 9. Garantía de que no se aplicarán sanciones administrativas. 10. Desaparición del Tribunal Universitario. 11. Abrogación del Reglamento General de Pagos. 12. Trece representantes del CGH y trece de la rectoría. 13. Disolución de grupos porriles y golpeadores. 14. Respuesta positiva antes de las doce horas de mañana" (3 de junio). Así las cosas, y sobre todo los términos, bien se puede pensar que no hacía falta que uno de los voceros del CGH dijera que dicho pliego de peticiones era innegociable. El punto 14 no hace más que confirmar lo anterior. Ese mismo día, y también en Crónica, Ludolfo Paramio decía: "Lo que ha demostrado la huelga de la UNAM es que tiene arraigo entre los estudiantes una cultura política maximalista, para la que la negociación es ya el comienzo de la traición, y para la que está justificada una oposición radical a las autoridades académicas como cómplices del mal absoluto. Se podría creer que sólo una minoría muy exigua mantiene esa actitud, pero hay que temer que una minoría bastante más amplia, quizá lindante con la mayoría, la comparte hasta el punto de seguir inicialmente la movilización. Puede que la duración de la huelga esté llevando al aislamiento del núcleo duro, con sus prácticas más sectarias y menos civilizadas, pero no se puede ignorar que inicialmente su retórica prendió en el conjunto de los huelguistas. "La UNAM, en este sentido, podría ser un síntoma del problema más amplio de la cultura política mexicana. Hay sectores muy amplios de la población para los que la legitimidad de las autoridades y de las instituciones es muy baja y que, por tanto, están disponibles para ser movilizados contra ellas, aunque sólo sea en la forma de un voto de castigo contra los candidatos oficiales, independientemente de su mayor o menor valía y, sobre todo, de la de sus contrincantes. Y hay un núcleo duro minoritario que cree que cualquier precio es aceptable con tal de poner fin al orden institucional existente. Y, en la medida en que no existe un esfuerzo común para restablecer la autoridad de las instituciones y la validez de las reglas de juego, las oportunidades de actuación de ese núcleo crecen." Estas opiniones de Paramio merecen ser subrayadas. En particular, los partidos políticos deberían pensar en las tareas que van a tener que desplegar a la hora de entrar de lleno a la consolidación de la democracia. La existencia de esos núcleos duros en diferentes franjas sociales y en una serie de instituciones –no solamente en las de carácter educativo– obliga a pensar en el asunto de la cultura democrática, en los caminos que hay que recorrer en la sociedad mexicana para que vivir con reglas y respetar la legalidad sea cada vez más compromiso de todos. La cuestión de la formación ciudadana y de la educación cívica debería, por lo tanto, estar inscrita en los programas educativos de largo plazo, tanto los institucionales como aquellos que se deberían escribir en lo que algunos llaman la educación informal. Es un asunto que incluye a los medios de comunicación. La indisposición a la negociación que se manifiesta en las 14 peticiones de los huelguistas nos habla de una voluntad que quiere llevar la huelga hasta el extremo posible y regresar a la universidad a momentos que ya vivió y problemas que también ya solucionó. La expresión de la comunidad universitaria, su tolerancia y pluralidad, deberán encontrar los canales necesarios y posibles pues, como se puede demostrar, este no es un litigio entre los huelguistas y la autoridad. La densidad y complejidad de la institución no pueden ser reducidas solamente a esos dos términos, además de que tampoco se puede olvidar que, en el origen del conflicto, la respuesta de los paristas fue ante un acuerdo del Consejo Universitario. Y es que la continuación de la huelga está perjudicando seriamente a la institución y su imagen
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