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Segunda vuelta electoral
Miguel Calderón Chelius
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Crea más problemas Xiuh Guillermo Tenorio Antiga
Quienes proponen la segunda vuelta electoral tienden a soslayar los efectos institucionales que se originan por la naturaleza de la fórmula. La segunda vuelta es un procedimiento que permite a los electores votar dos veces, por lo que éstos tienen la posibilidad de optar por su primera preferencia en la primera elección y de reorientar sus preferencias considerando los resultados de dicha ronda. Es importante señalar que si coinciden la elección presidencial con la legislativa, como generalmente ocurre, el hecho de que los electores opten por su primera preferencia repercute directamente en el tamaño de los contingentes legislativos. Uno de los efectos de la utilización de la "doble ronda" es que se reduce la probabilidad de que el partido del Presidente alcance la mayoría absoluta de los escaños en las cámaras o de que, al menos, esté cerca de ella; en otras palabras, con la segunda vuelta prácticamente se garantiza un gobierno dividido y, con ello, se tiende a complicar la tan anhelada gobernabilidad, sustancial en un proceso de consolidación democrática. Con esta regla se generan incentivos para que aparezcan más partidos y candidatos, en el entendido de que, en la primera vuelta, el electorado no vota estratégicamente. Por ello, un mayor número de partidos supera el umbral de entrada al Congreso, con lo que se observa que la segunda vuelta desanima la consolidación del sistema de partidos y, por el contrario, anima su fragmentación, lo cual tampoco contribuye en el proceso de consolidación democrática. De igual forma, la fórmula de segunda vuelta ha posibilitado la aparición de outsiders (candidatos sin carrera partidista o "externos") en la primera vuelta como rivales de los partidos establecidos; los outsiders tienden a participar en partidos que no son capaces de capitalizar un contingente legislativo importante y, por lo mismo, estos partidos fracasan en transferir la fuerza con la que ganan la elección presidencial al Poder Legislativo. La mayoría absoluta que se deriva de la segunda vuelta es una mayoría manufacturada, no estable. Al estar dotados de un poder artificial los presidentes electos bajo esta fórmula, en algunos casos, han ignorado el orden institucional prevaleciente, al percatarse de que la supuesta mayoría que los eligió no tiene fuerza en el Legislativo. En conclusión, y de acuerdo con Ulises Carrillo ("La ronda perversa. Los efectos de la segunda vuelta electoral", Este País, núm. 88, julio, 1998), podemos decir que "la fórmula de segunda vuelta desata una serie de efectos institucionales que inician con un aumento en la fragmentación del sistema de partidos, continúan con la fragmentación de la representación política en el Legislativo, y terminan, en algunos casos y en el extremo, por llevar a un Ejecutivo, artificialmente dotado de un hipermandato popular, a romper el orden institucional". Así, puede observarse que la "doble ronda", lejos de contribuir a la consolidación democrática del país, podría debilitarla; la supuesta ilegitimidad del Ejecutivo federal, si eso preocupa, tendrá que resolverse por otras vías
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