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Jaime Reyes (1947-1999):
Una búsqueda constante

Joel Phillips

1999, año de nacimientos, año de muertes, como otros; sin embargo, la literatura mexicana no sólo perdió a Jaime Sabines y a Ricardo Garibay: también murió Jaime Reyes.

De Jaime Reyes no es fácil conseguir algún libro, y en lo personal fue imposible conocerlo, no obstante, resulta extraña su ausencia en la Asamblea de Poetas Jóvenes de México que presentó Gabriel Zaid a principios de los 80. Y aunque sí lo incluyó Enrique Jaramillo Levy en su vasta recopilación de Poesía Erótica Mexicana 1889-1980, fue gracias a Crónicas de la Poesía Mexicana de 1997 (cuánta falta hacen más de estos textos) que conocí a Jaime Reyes, quien era uno de los poetas jóvenes "maduros", según José Joaquín Blanco, quien con un breve apunte, abarca todo lo escrito entonces por Jaime Reyes, es decir, su primer poemario Salgo de lo oscuro y algunos textos publicados en revistas hasta 1975.

Al año siguiente Era editó Isla de raíz amarga, insomne raíz, que en 1977 mereció el Premio Xavier Villaurrutia. En este libro un fragmento del poema "Memoria sea del fuego" ilustra y resume la visión creadora con la que Jaime Reyes trabajó la mayor parte de su obra:

 

recojo los vestigios del abandono, la devastada huella de sus pasos por [mis alas y asciendo para que mi cuerpo [de humo cristalina cicatriz memoria sea del fuego y quien
lo amó.

 

Con su tercer poemario, Al vuelo el espejo de un río, Jaime Reyes volvió a ganar un premio, el Nacional de Poesía 1983 de la Universidad Autónoma de Zacatecas. En Al vuelo el espejo de un río, el autor continúa con la poética ya propuesta, tan es así que, en 1985 bajo el sello del FCE, lo vuelve a publicar pero junto con Isla de raíz amarga, insomne raíz, como un libro "siamés": en un solo tomo, los dos libros se encuentran unidos por su parte trasera, de tal forma quedan de cabeza uno respecto del otro, por lo que la contraportada de uno es la portada del otro y viceversa.

Es cierto que Jaime Reyes toma la técnica del barroco y la aplica a un lenguaje coloquial y en su mayoría visceral. Sin embargo, su constante experimentación con las palabras, su búsqueda recuerda más la actitud de César Vallejo en "Trilce" y "Poemas humanos". Valga continuar con la comparación entre el mexicano y el peruano autoexiliado en París, para también dejar en claro las diferencias: mientras Vallejo predice su muerte: "Me moriré en París con aguacero, / un día del cual tengo ya el recuerdo", Jaime Reyes con ironía escribe:

 

Quisiera no
estar presente
a la hora
de mi muerte

 

En su libro anterior, La oración del ogro (1984), encontramos la otra apuesta de Jaime Reyes, que consistió en tomar frases, oraciones, diálogos completos de gente del campo y de la ciudad en su vida cotidiana para, valiéndose sólo de puntos y comas, disponerlas de tal forma que resulten poesía: arte impersonal. Tal idea creativa mantuvo hasta los últimos días de su vida.

Esta mención acerca de la meticulosa obra de Jaime Reyes no tiene otra finalidad que ser una invitación al lector a que disfrute de una poesía vital en la literatura mexicana de fin de siglo


Joel Phillips estudió Comunicación en la UNAM.

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