![]() |
el país | el mundo | dinero | águila y sol |
| medios | ciberia | gente | mañana | |
| tianguis | libros | cultura | espectáculos |
|
![]() |
Tratado de robótica
Fedro Carlos Guillén El robot más popular que recuerdo se llamaba así: "robot", y salía en una serie precámbrica de nombre Perdidos en el espacio; había sido diseñado por un científico llevado de la mala y acompañaba a una familia que se peinaba con jitomate y no hallaba el regreso a casa viajando por el espacio interestelar. Este robot de mi memoria parecía un bóiler con cabeza de hongo, brazos que terminaban en un par de pinzas de hielero y una serie navideña de foquitos que se apagaban si alguien lo desconectaba mientras advertía del peligro nomás porque pasaba la mosca. Hoy las cosas han cambiado; los diseñadores han avanzado un enorme trecho con el fin de producir máquinas que hagan más llevadera la vida (no olvidar cómo durante la pasada Copa del Mundo de futbol hubo un torneo equivalente pero con robots). En 1995 se estimaba que 700 mil robots operaban en el mundo industrializado, muchas de sus tareas se diseñaron por el peligro que implican, como el manejo de materiales riesgosos o por lo monótonas que podrían ser para el humano y dejarlo en catatonia. General Motors, por ejemplo, usa 16 mil robots para tareas como el ensamblado y el pintado de sus autos y algunos otros se utilizan para prospecciones submarinas o espaciales. En este contexto, el doctor Robert Lazzara presentó recientemente en sociedad a Zeus, un robot de tres brazos que tiene como profesión... la cardiología. La administración de salud estadounidense ha reaccionado favorablemente y ha declarado que el robot es lo suficientemente seguro para usarse en experimentos con 150 pacientes (no se ha determinado si hay voluntarios). Si bien no se prevé que los robots reemplacen a los cirujanos, resulta claro que algunas de sus tareas pueden ser mejor desarrolladas que por un galeno ortodoxo. Un robot no se cansa, es preciso milimétricamente en un corte difícil y no resiente una noche de excesos en el pulso de su mano. El funcionamiento de Zeus es ligeramente escalofriante; se coloca al lado del paciente, conectado a una terminal de computadora controlada por el médico y luego introduce sus tres brazos en el pecho del enfermo por medio de incisiones del diámetro de un lápiz. Uno de ellos es una cámara que se activa con la voz y envía señales de video al monitor del médico. Acto seguido –como si se tratara de un nintendo en el que hay que eliminar enemigos que tiran patadas voladoras– el doctor utiliza una palanca (joystick, lo llaman los computafílicos) y dirige los dos brazos restantes para, por ejemplo, suturar una delgada arteria con una precisión que sería muy difícil lograr si se confiara únicamente en algo tan humano como el ojo. Este tipo de intervenciones se ha recomendado para las cirugías no invasivas en las que los médicos operan a través de incisiones pequeñas sin necesidad de abrir por completo el pecho y que son menos agresivas pero más complejas de realizar debido al tamaño del instrumental. Zeus puede poner suturas de entre 1/10 y 1/20 de milímetro, lo que no es poca precisión. Durante la presentación un médico escéptico cuestionó el hecho de que se usara un cadáver en lugar de un paciente normal. La duda es razonable, aunque un poco molesta, y la respuesta es que este tipo de intervenciones se realizan ya con animales siguiendo un procedimiento por medio del cual todo avance de este tipo debe pasar necesariamente por un periodo de prueba. Actualmente existen robots que realizan otro tipo de cirugías, como el implante de cadera, y el escenario es prometedor. Lo único que me estremece es la posibilidad de llegar al quirófano, encontrarme a mi amigo de la cabeza de hongo y mientras me sumerjo en los sopores de la anestesia escuchar a lo lejos una voz metálica que dice: ¡peligro! ¡peligro!
|
|
publicidad | suscripciones | anteriores | búsquedas | principal |
|