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Unabomber Rostro del terrorismo ecológico
José Luis Durán King
Theodore John Kaczynski podría ser un catedrático en cualquier facultad de letras. Como estudiante de la Universidad de California de Berkeley sus documentos inspiraron a sus compañeros. Como eremita de la zona rural de Montana sus tareas tuvieron un propósito diferente: envió cartas-bomba a personas que trabajaban para organizaciones que él consideraba nocivas para la Tierra. En el curso de 17 años, Kaczynski asesinó a tres individuos y mutiló a 29. Actualmente, desde la prisión de máxima seguridad de Colorado donde purga cuatro cadenas perpetuas, Theodore Kaczynski, el "Unabomber", ha vuelto a detonar sus declaraciones. En cartas separadas a la revista estadounidense gear y al grupo de protesta Earth First!, Unabomber ha dejado en claro que su obra aún no ha terminado. Su peculiar llamado a las armas no es una prédica en el desierto. Una buena cantidad de seguidores, incluidos liberales de la clase media, jóvenes radicales e indios americanos, han respondido. Las cartas de Kaczynski ya no son mortales, pero continúan siendo peligrosas. Las misivas –enviadas a Earth First! en noviembre de 1998 y a gear en febrero pasado– reflejan sus primeros intentos serios por reincorporarse a una sociedad de la que renegó como consecuencia de su batalla contra la vida moderna. En 1995 Kaczynski abandonó momentáneamente la oscuridad en la que vivía al publicar su manifiesto de 35 mil palabras en diferentes periódicos estadounidenses de cobertura nacional. El manifiesto fue una cátedra de denuestos contra el materialismo y la tecnología, un documento clave no sólo para comprender las tendencias del ecoterrorismo en este fin de milenio sino para que la captura del Unabomber se diera casi un año después de haber hecho públicos sus descontentos. Por supuesto, los medios retrataron a Ted Kaczynski como una especie de genio obsesionado en salvar el ambiente. Un libro publicado en diciembre pasado, escrito por Dave Shors y Chris Waits, arguye que el Unabomber pudo haber estado motivado por el odio y la venganza, más que por afanes ecológicos. En la carta a la revista gear, Ted Kaczynski –quizá alentado por sus esfuerzos recientes de buscar un nuevo juicio– siembra la duda acerca de la autoría del manifiesto, al escribir: "¿Quién dijo que yo publiqué el manifiesto. Recuerden a la gente que se declara culpable sin serlo, sólo porque, en una situación legal determinada, esto representa la última e indeseable alternativa". Independientemente de si la autoría del manifiesto pertenece o no a Ted Kaczynski, lo que no puede negar el ahora genio tras las rejas es su participación, intelectual y material, en los atentados contra personas elegidas de antemano. Ahora que está de regreso, Unabomber tiene de su lado a un grupo de simpatizantes que admira su llamado a la anarquía y al radicalismo ecológico, tal y como puede constatarse en su website (alt.fan,unabomb). En septiembre de 1998, un tranquilo manifestante fue muerto en una confrontación con un leñador de California; el estado rechazó la prosecución del caso. Una serie espectacular de incendios en Vail, Colorado, causó más de 12 millones de dólares en pérdidas. El gobierno llamó a estos siniestros los actos más nocivos de sabotaje en la historia de Estados Unidos. Un movimiento subterráneo vinculado a la agrupación Earth First!, el Earth Liberation Front (ELF), asumió la responsabilidad de los hechos. Algunos ataques en Oregon y Washington sucedieron a los sucesos de Colorado. Alarmados por el incremento de incendios premeditados, la industria extractiva estadounidense persuadió en 1998 al Congreso de emplazar las primeras audiencias en contra del "ecoterrorismo". Barry Clausen, miembro del lobby maderero y dueño de una agencia de seguridad privada, declaró tener documentos alrededor de mil 400 actos de ecoterrorismo en Estados Unidos. De acuerdo con su testimonio, ese tipo de actos van de la simple ruptura de cristales hasta los intentos de homicidio. "Los incidentes terroristas se incrementaron de dos o tres que había hace dos o tres décadas a 300 el año pasado", señala Clausen, quien añade que "hay de 30 a 40 Unabomber potenciales rondado por ahí en este preciso momento". Ted Kaczynski ha vuelto y no todos sus simpatizantes creen que estaba equivocado cuando decidió asesinar. Craig Rosebraugh, vocero de la agrupación Earth Liberation Front, cree que existen posibilidades de que se imitaran las tácticas del Unabomber: "Odiaría ver que nuestra causa se convirtiera en algo tan violento como el movimiento antiaborto, pero podría suceder". Lo cierto es que un ecomártir ha nacido y Ted Kaczynski parece dispuesto a asumir de buena gana el papel. En su correspondencia con Earth First! y gear, el Unabomber ha expresado sus esperanzas de que un movimiento de rebelión y de acción vigorosa se adhieran. El está listo para hacer sugerencias al grupo que así lo desee. De acuerdo con las palabras de Theresa Kintz, editora del Earth First! Journal, "la mayoría de los ambientalistas teme a la violencia, pero también es cierto que la gente se está dando cuenta de que la violencia funciona. Sólo la guerra de guerrillas tiene el potencial suficiente para derribar las estructuras del poder. Para muchos de nosotros, Ted Kaczynski tiene algunas respuestas"
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