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Reformar o reemplazar
Constitución nueva o Constitución renovada

Jorge Carpizo

A. En México, las crisis económicas, los grandes rezagos sociales, los problemas acumulados, el desequilibrio entre los poderes y la sensación de que el sistema político se modifica con lentitud y no acaba de sacudirse de sus rasgos autoritarios, ha impulsado a políticos y académicos a proponer diversos cambios constitucionales con la finalidad de propiciar un aceleramiento en el perfeccionamiento de nuestro sistema democrático y dentro de este esquema, incluso, se escuchan voces que consideran que ha llegado el momento de crear una nueva Constitución en nuestro país.

Dentro de este marco de referencia se pueden encontrar tres grandes corrientes de pensamiento:

a) No es necesario, menos indispensable, continuar reformando la Constitución.

b) Existen razones para crear una nueva Constitución.

c) Ciertamente, la Constitución necesita cambios y adecuaciones para perfeccionarla pero, cuando menos por ahora, existen más inconvenientes que ventajas en su sustitución por una nueva.

 

B. Considero que nuestra actual Constitución, de 1917, amerita algunas reformas fundamentalmente para reforzar el sistema de pesos y contrapesos entre los poderes y para introducirle mecanismos de gobierno semidirecto: el referendo y la iniciativa popular. Cada día es más frecuente escuchar propuestas de reformas constitucionales; yo mismo he realizado una lista de temas que considero deben debatirse ampliamente, porque no habrá de modificarse nuestra ley fundamental sino hasta después de una verdadera discusión nacional que exprese claramente cuál es la voluntad de la sociedad mexicana.

 

C. En la actualidad, estoy en contra de que se pudiera crear una nueva constitución por las siguientes razones:

a) La creación de una nueva constitución no es un ejercicio teórico, no es una discusión académica, no es la expresión de buenos deseos o intenciones. Se crea una nueva Constitución cuando existe una ruptura –pactada o no– del orden jurídico, lo cual es un dato del mundo del ser, de la realidad y no del deber ser. Esa ruptura acontece porque la Constitución ya no rige jurídicamente a la sociedad, porque existe ingobernabilidad o por alguna causa de ruptura, pactada o no. Pero el dato a retener es que debe crearse una nueva constitución, no es que se quiera o no, sino así tiene que ser ante la ruptura del orden jurídico que existía.

En nuestros días existen problemas muy graves y serios en México pero no hay ruptura –pactada o no pactada– del orden jurídico; nuestra Constitución se actualiza todos los días; existen evolución y continuidad constitucionales.

b) Ciertamente, la Constitución ha sido muy reformada y así tenía que haber sido en virtud de los cambios fenomenales que han acontecido en la realidad de México; no justifico los excesos cometidos y acepto que varias de esas reformas han traído consigo incongruencias y errores técnicos. Lo que se debe realizar es una revisión técnica e integral tal y como ya sucedió en el Estado de México con su Constitución de 1995.

c) Muchas de esas reformas también han sido positivas porque han introducido en la Constitución algunas de las instituciones más avanzadas del constitucionalismo de nuestros días. Es decir, contamos con una Constitución moderna; no es una Constitución que se haya congelado y, por tanto, caducado, sino que ha venido evolucionando. No tenemos hoy una norma fundamental empolvada y en pedazos sino una Constitución renovada que debe seguir actualizándose. La vida es movimiento, la realidad es cambio y la Constitución se modifica para seguir conduciendo y continuar siendo parte de ese cambio.

d) Las constituciones modernas son pactadas entre las fuerzas políticas y sociales más importantes de la nación. Se pacta el proyecto de Constitución para que ninguna de esas fuerzas se vaya a sentir excluida del pacto. En el México actual es más fácil pactar un paquete de reformas constitucionales –si es que ello se logra– que pactar el contenido de toda una nueva constitución.

Los tres grandes partidos políticos difícilmente se ponen de acuerdo en aspectos importantes, incluso en aspectos menores les cuesta arduo trabajo llegar a acercamientos; ellos se encuentran a su vez muy divididos, lo que también dificulta los consensos. En muchas ocasiones los partidos políticos están más preocupados por los aspectos inmediatos de la política que por el proyecto de nación a mediano y largo plazos.

e) Hay que luchar por ir resolviendo los problemas que México tiene acumulados y no agregar otros que dividan a la sociedad, temas como el aborto, la planeación familiar y las relaciones Estado-iglesias son explosivos, porque respecto de ellos no se razona: se les envuelve en la emotividad y el fanatismo. No puede haber temas tabú pero hay que enfrentarlos con un panorama político-social más despejado del que actualmente tenemos en México.

f) En muchos casos, al momento de discutirse y pactarse una nueva Constitución no se logra el acuerdo, y para superar esta situación se redacta una norma "borracha" que es muy ambigua o se delega al legislador ordinario la precisión de la institución; lo único que se hace es posponer el conflicto o para evitarlo se deja de legislar en esos aspectos, incluso, por décadas.

g) El diseño institucional o la ingeniería constitucional de nuestra ley fundamental es adecuado: la base de las instituciones es el respeto de los derechos humanos, la noción de soberanía, una república representativa y federal, separación de poderes y controles mutuos entre ellos, el laicismo de la vida civil y la existencia de procedimientos adecuados para la defensa de la propia Constitución. ¿En una nueva Constitución vamos a cambiar este diseño institucional? El mismo es perfectible pero es el correcto.

h) Se le atribuyen a la Constitución muchos de los males y vicios de la realidad política y social. ¿En qué norma se basó la existencia de un partido predominante y que el jefe real de éste era y es el Presidente de la República?, ¿en qué norma se basó el fraude electoral?, ¿en qué norma se fundamenta la corrupción que nos corroe?

i) El presidencialismo mexicano que ha operado en la realidad es distinto del sistema presidencial que asienta nuestra ley fundamental; entre otras razones porque no han funcionado los controles constitucionales que el Poder Legislativo puede y debe ejercer. Sólo hay que contemplar que ahora que aquellos comienzan a marchar –y sólo comienzan–, el presidencialismo se ha modificado como en el caso del nefasto Fobaproa y del Presupuesto de Egresos que, con todos sus posibles defectos, el Poder Ejecutivo se vio obligado a negociar y a cambiar varias de sus proposiciones originales.

Estoy en favor de un sistema presidencial renovado y al respecto he realizado propuestas de temas para reformas constitucionales, pero ellas no justificarían la creación de una nueva Constitución.

j) Hay que saber con precisión qué queremos cambiar, por qué y cómo. Actualmente abundan las propuestas de cambio, algunas son adecuadas, otras no. En los cambios no hay que descuidar la cuestión de la gobernabilidad porque si ésta no funciona adecuadamente se lesiona al propio sistema democrático, una de cuyas bases es precisamente la gobernabilidad.

k) Se pretende sustituir la Constitución cuando comienza a funcionar como siempre debió haber funcionado: cuando los controles legislativos hacen sus pinitos; cuando los partidos políticos se han fortalecido y se ha creado un sistema tripartito de partidos, en lugar del hegemónico; cuando las elecciones gozan de alto índice de confiabilidad; cuando el pluralismo de la sociedad y su deseo creciente de participación política abre y fortalece diversas opciones políticas. La Constitución de 1999, en su esencia, es gramaticalmente muy parecida a la de 1995, a la de 1990 o a la de 1985, pero está operando en la realidad en forma muy diferente, y para bien, porque esa realidad política mexicana se ha alterado. El problema no ha sido ni es la norma constitucional sino las prácticas y costumbres políticas viciadas y que mayormente se aceptaban sin cuestionarlas hasta hace muy pocos años.

l) La tesis y el aspecto más importante de nuestra Constitución es el de la justicia social. En este asunto las propuestas de nuestra ley fundamental fueron y son de vanguardia. Lo que hay que lograr es que se normativicen íntegramente.

Y en este aspecto en una nueva Constitución se corre el peligro de que se den pasos hacia atrás. Algunos de los países europeos con niveles de vida muy altos están desmantelando diversos mecanismos de su Estado de bienestar con el pretexto de que el Estado ya no cuenta con recursos económicos suficientes para mantenerlo tal y como era tradición.

El constitucionalismo social actualmente sufre verdaderos embates en contra. En México también; por ello, es indispensable que nuestra Constitución continúe siendo la mejor fortaleza de la justicia social. Hay que luchar, y con todas las fuerzas, por la normatividad plena de esos artículos constitucionales.

ll) La Constitución tiene una legitimidad de décadas, es una síntesis de lo mejor de nuestra evolución jurídico-política. En una nación donde los mexicanos nos hemos venido dividiendo, no sería fácil ni rápido que una nueva Constitución se legitime


Jorge Carpizo es investigador en el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM.

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