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Armas inteligentes

Naief Yehya

Pocas cosas en la reciente ofensiva de la OTAN contra Yugoslavia han sido objeto de tanta propaganda como la "increíble precisión de los misiles inteligentes". De hecho, buena parte del apoyo popular que tiene la operación en Kosovo se debe a la supuesta prioridad de una misión de rescate, un ataque quirúrgico en contra de las fuerzas serbias, con un mínimo de daño colateral. No obstante, una serie de errores trágicos –en particular el bombardeo a la embajada china– ha puesto en evidencia que una operación como ésta tiene muchas fases y basta con la falla de una de ellas para que una bomba super precisa termine a varios kilómetros de su objetivo o, de plano, en un país equivocado. En la campaña contra Yugoslavia 90% de las bombas han sido inteligentes, mientras que en la guerra del Golfo Pérsico sólo fueron 9% del arsenal utilizado.

Cuando comenzó la segunda semana de bombardeos de la OTAN en abril pasado, corría el rumor de que las reservas de misiles inteligentes estaba en un nivel muy bajo y que en cualquier momento se terminarían, por lo que esta campaña inteligente debería convertirse en otra guerrita estúpida y criminal. El 1 de abril, después de disparar 50 misiles Cruise aire-tierra quedaban sólo 100 más, no obstante restaban alrededor de dos mil Tomahawk para ser lanzados desde barcos de la Marina. Los misiles aire-tierra (a-t) usados actualmente dejaron de producirse en 1986 y la nueva generación empezará a fabricarse el año entrante. La razón por la cual éstos no se producen más es que cada uno de los misiles Tri-Service Standoff cuesta dos millones de dólares, a diferencia de los Tomahawks: sólo 400 mil dólares.

Las reservas de misiles estarían en un nivel normal de no ser porque Bill Clinton ha elegido a ésta como su arma favorita y en cierta forma como el emblema de su política internacional. En 1991, al comienzo de la guerra del Golfo, la Fuerza Aérea estadounidense tenía alrededor de 300 misiles convencionales a-t y durante las seis semanas que duró el conflicto sólo se utilizaron 35. Pero durante la más breve campaña en contra de Iraq de diciembre de 1998 se usaron 92. La marina empleó 288 Tomahawks en la guerra del Golfo y durante los cuatro días de bombardeo de diciembre pasado lanzó 320. Con su política de infligir daño desde la distancia y de pelear guerras sin riesgo, Clinton ha lanzado misiles de manera indiscriminada en un plazo de seis meses contra Afganistán, Sudán, Iraq y Serbia.

Cuando se le preguntó al comandante de la OTAN, Wesley Clark, si se estaban usando bombas de un millón de dólares para destruir blancos de diez mil dólares respondió que esta guerra no estaba siendo dirigida con una chequera sino para que fuera "efectiva". Lamentablemente, a pesar de su altísimo costo (el Pentágono afirma que cuesta 37 millones diarios pero de acuerdo con los analistas de Jane’s Information Group, el costo es mayor a 65 millones por día, sin contar los gastos de auxilio a los refugiados) esta guerra no ha sido muy efectiva hasta el momento y, sin duda, se han empleado medios de una ineficiencia asombrosa con respecto a los supuestos objetivos de la campaña. Además están a punto de ser utilizados los tristemente célebres misiles con coraza de uranio desgastado (depleted uranium, DU) tan eficientes destruyendo tanques en Iraq (se emplearon 780 mil) y que convirtieron grandes áreas del desierto en tiraderos radiactivos (ver www.csmonitor.com/durable/1999/04/29/fp12s2-csm.shtml). Las bombas de DU de 30 mm son estándares en el arsenal de los aviones A-10 Warthogs caza tanques.

La OTAN empleó bombas de DU en contra de blancos serbio-bosnios en 1995. Una subcomisión de la Comisión de los Derechos Humanos de la ONU decretó en 1996 que el DU era una arma de destrucción masiva que debía ser prohibida. Resulta difícil entender por qué la OTAN quiere contaminar con armas de alta radiactividad un territorio que supuestamente está liberando para que los cientos de miles de albanos desplazados puedan volver "a más tardar en diciembre de 99" (como declaró el Pentágono)


Naief Yehya es escritor, ingeniero civil y cibernauta.

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