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Segunda vuelta electoral

 

Crea más problemas
Xiuh Guillermo Tenorio Antiga

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Opción viable

Miguel Calderón Chelius

Hasta hace poco, en México vivíamos la tutela de un solo partido y el poder omnímodo de la Presidencia. Pero esto ha cambiado tanto que ahora hay tres partidos con posibilidades reales de vencer en las urnas y el mínimo margen con que cada uno puede ganar genera el riesgo de la ingobernabilidad. Como ocurre en otros países, la segunda vuelta ofrece una salida política a ese escenario probable.

En una confrontación como la que se espera en el 2000 las posibilidades de ruptura e ingobernabilidad se magnifican por el carácter incipiente de la confianza en el sistema electoral. Con márgenes de victoria reducidos y con sospechas o certezas de fraude, aunque sea pequeño, el escenario político se puede volver una bomba y estallarnos en la cara a todos los mexicanos.

La segunda vuelta permitiría el reagrupamiento de las fuerzas políticas, obligaría a negociar un entendimiento y canalizaría las fuerzas electorales de tal modo que se lograra un gobierno con la base social (electoral) necesaria para ejercer el poder.

Las alternativas a la segunda vuelta son la coalición de fuerzas políticas antes de la elección o un gobierno negociado en el Congreso (régimen parlamentario). Con respecto a la primera ya ha corrido mucha tinta, sólo quisiera señalar que: a) una alianza electoral de la oposición es muy difícil; b) el PRI se quedaría desde el principio como el enemigo a vencer, lo cual viciaría las posibilidades propositivas de una alianza; c) dos alianzas, una de derecha con el PAN como articulador y la otra de izquierda con el PRD, sólo intensificaría la fragmentación electoral, por lo que el problema que la segunda vuelta quiere resolver se mantendría; d) depende por completo de la capacidad de negociación de los partidos, lo cual deja intacto el problema potencial de ingobernabilidad.

Respecto de un gobierno negociado en el Congreso, ni nuestra tradición política ni la estructura institucional permiten pensar que se pudiera negociar un cambio constitucional que centrara la definición del gobierno en el Congreso. Además, la construcción de nuestro sistema democrático parece todavía endeble como para soportar las presiones que supone un escenario de esta naturaleza.

Una última alternativa es no hacer nada, dejar que el proceso siga como está previsto. Desde mi punto de vista, esto nos puede poner en una situación de alto riesgo, pues la victoria de cualquiera de los partidos podría ser mínima y los otros sentirse tentados a bloquearla y deslegitimarla. Nuestra historia de fraudes electorales todavía pesa y nuestros procesos no cuentan con la confiabilidad absoluta. Sin un ganador claro en las elecciones del 2000 y con el complejo ambiente social y económico que se vive, la situación podría salírsenos de las manos y proyectarnos a un despeñadero del que nadie saldría bien librado.

La segunda vuelta electoral es una alternativa porque prevé una ruta de resolución ante la división electoral. Ruta que se establece de antemano, que todos conocen y a la que los actores políticos se tendrían que someter independientemente de su deseo o capacidad de negociar


Miguel Calderón Chelius estudió Sociología en la UNAM.

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