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Carlos Castillo López
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"El erotismo es la pasión del amor" Virginia Arzate entrevista a
Ejemplo de trabajo y perseverancia, la primera gobernadora en la historia de México (1979-1985), Griselda Alvarez no tuvo una vida fácil, hubo sinsabores, sin embargo, son más los momentos memorables, se casó joven, fue madre y luego abuela, que desde siempre supo combinar sus dos oficios: la política y la literatura. Antes de llegar a la gubernatura de Colima, fue senadora, ocupó las direcciones generales de Prestaciones Sociales (IMSS), Trabajo Social (SSA), Acción Social Educativa (SEP), por citar algunos cargos. De igual manera, antes de titularse como licenciada en Letras Españolas en la UNAM, fue maestra normalista y escribió la mayor parte de su obra, los poemarios Cementerio de pájaros (1956); Dos cantos, Desierta compañía (1961); Letanía erótica para la paz (1963) y Anatomía superficial (1967). En cuanto a la prosa, La sombra niña fue su primer libro, a principios de los 90 publicó Cuesta arriba. Memorias de la primera gobernadora. También de reciente aparición son los poemarios Sonetos terminales (1997) y Erótica (1999). Un elemento presente desde su primer libro de poesía es el erotismo, ¿a qué se debe la constante referencia al cuerpo dentro de su obra? Como dice Fernando del Paso, que me hizo el honor de escribir una introducción para el libro, nuestro cuerpo es en realidad lo único que poseemos durante nuestra vida fugaz, ¡y eso por momentos!: es una propiedad precaria. Por eso me llama la atención, porque de acuerdo con este cuerpo, yo soy una anciana y esta es mi realidad, esto es lo que poseo. Y me observo y comprendo que el cuerpo no envejece totalmente de manera uniforme, el cuerpo se va envejeciendo en fragmentos. Hay partes de mi cuerpo que pueden tener 40 años, hay otras de 60 y hay otras de mayor tiempo aún. Quizá por eso, y porque quisiera tener tiempo y vida para escribir algo profundo, exento de toda vanidad, de toda frivolidad, sobre la ancianidad. ¿Qué significado le da al erotismo dentro de su obra? El erotismo es una palabra a la que podemos relacionar con distintos significados, y depende de cómo se use, porque yo puedo caminar por la orilla de la pornografía y entonces sí voy muy mal, no hay que confundir el erotismo con la pornografía, y así lo digo precisamente en estos sonetos. No confundo tales términos. Disfruto el erotismo por completo, porque es la pasión del amor. Y lo digo convencida, amar es arte y ciencia. Debe haber una finura total al tratar el amor eróticamente, porque si no, se tropieza con la vulgaridad; hay que dejar un poco de misterio por descubrir. ¿Cómo se puede lograr?, ¿cómo no dejar al descubierto todas las partes sentimentales y físicas? Creo que las mujeres somos muy listas, y perdón por esa creencia de que la mujer tiene una sabiduría especial en todo lo que hace, pero nos ha tocado sufrir mucho para alcanzar la felicidad, atravesamos por caminos ásperos, espinosos, aunque estamos muy distantes de lo que fuimos hace siglos, según la historia que hemos leído. Luego luchar contra nuestras gentes (nosotras mismas) es una lucha espantosa, nuestra lucha contra la propia sangre, esa lucha contra la sumisión heredada: no tenemos por qué ser sumisas. Me dio mucho gusto cuando hace varios años, ante el Presidente de la República, se presentaron un grupo de jóvenes de la Facultad de Ciencias para repudiar la epístola de Melchor Ocampo que se lee durante el matrimonio por el civil. Yo estaba de casualidad en Los Pinos, y el Presidente me instó a que hiciera una epístola, para que se borrara esa sumisión. Y así fue, con mi epístola se han casado muchísimas parejas, cuando se va a casar una, puede pedirla, está en todos los registros civiles. Sus versos siempre son medidos, ¿por qué seguir usando la métrica clásica a fin del milenio? La métrica es donde se prueba la dificultad. Yo, por ejemplo, admiro la obra de Juan Soriano. Lo admiro más cuando pinta a una prima mía que acaba de fallecer, María Asúnsolo, la pinta sobre un diván, desnuda, le pone un velo encima, ¡es tan maravillosa su pintura!, ¡la transparencia del velo sobre la piel! Un cuadro magnífico. Ahora yo quién soy para decirlo, pero Juan Soriano ya puede hacer, después de ese cuadro, lo que le dé la gana. Puede ser todo lo surrealista que quiera, dibujar tres rayas que digan "Amanecer en Acapulco", puede llevar a cabo toda una aventura con sus pinceles: ha probado que es un gran pintor. Igual pasa con los poetas, el poeta debe escribir un buen soneto, que en todos sus 14 endecasílabos tenga el acento en sexta, el soneto perfecto, y entonces sí puede dedicarse a hacer el verso libre, porque ha demostrado que puede con la métrica. Por otra parte, el verso libre es muy difícil, para escribirlo se necesita la calidad de un Jaime Sabines. El verso libre además de tener belleza debe ser fuerte, porque no se apoya en nada, porque yo puedo hacer una carta crítica de palabras incomprensibles, difíciles y no estar haciendo poesía. Luego juntarme con amigos, igual de críticos, que se dicen intelectuales, dar conferencias y elogiarnos mutuamente y ahí está el cenáculo, los intereses. No, no, vamos a pasar por el rigor de la métrica, claro, con mensaje, no nada más así, con contenido. Al principio usted dijo que le gustaría escribir textos profundos, hoy en día qué escribe, cuáles son sus proyectos. Este año publico tres libros, uno de ellos fue Erótica. Con otro, el segundo, me tomé el atrevimiento para darle cierto atractivo a nuestra Constitución, a los 136 artículos que la componen, los convertí en sonetos. Es un reto, porque de un lado está un pilar que es la ley y del otro está el pilar de la métrica, ninguno se puede modificar. Fue un reto que se logró. Lo hice porque no hay civismo en las escuelas; están muy mal preparadas en la materia. A los símbolos patrios no les tienen ningún respeto, por lo mismo que los conocen poco. Y por último, uno que fue premiado, una glosa, un trabajo de investigación que hice sobre turismo. ¿Cuál es su candidato? Estoy con el mejor, y ahí se lo dejo. Es decir, yo sigo genéticamente con mi política: yo no quemo a mi candidato
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