personal

 

Fabrizio Mejía Madrid  

Monsiváis por teléfono

 
 

Las definiciones nunca son adecuadas. No es nuestro Norman Mailer, ni su Alfonso Reyes: es decir, no ha sido candidato a gobernar su ciudad —a pesar de que se formó un club para apoyarlo, integrado por Rafa Pérez Gay— ni es grecolatinamente ajeno a lo público. Quizá todo sea menos complejo si perogrullamos que Monsiváis, además de ser el único escritor mexicano que, en el mismo instante en que se están imprimiendo cuatro textos suyos en seis medios, está dictando una conferencia en Bellas Artes —o cantándole a una multitud en Neza—, está siendo entrevistado para dos canales de televisión y uno de radio —los tres, en vivo—, y está volando a Nueva York, tiene tiempo, además, para hablar por teléfono, comprar cuadros, hacer obras de caridad, ver una película en video, y autoparodiarse frente al espejo.

Pero la respuesta a la pregunta que se hacen las masas —¿por qué Monsiváis nunca ha publicado una novela?— no se encuentra en ese caos cotidiano. Tiene que ver, más bien, con que nadie la ha recogido de sus interminables monólogos telefónicos, una novela extensa que se pierde todos los días entre los circuitos hongueados de Telmex. Su personaje no es Monsiváis, sino uno creado para la historia de la segunda mitad del siglo XX mexicano: el escritor que:

a) Cree en la gente, aunque la gente se equivoque más a menudo de lo que él estaría dispuesto a reconocer.

b) Generoso lector, al que le caen mal los niños, que adora los gatos por desdeñosos.

c) Que no se toma en serio y que, al mismo tiempo, tiene afectos y odios imparables donde mezcla profesión, vida, y estilos narrativos.

d) Cuyas obras más importantes no están recogidas en sus libros.

e) Habitante steinbeckiano de la Portales y proclive a los desórdenes nocturnos egoyanenses, menos por mantenerse teórico del aliviane que para que no digan que escribe de oídas.

f) Más lo que él mismo pueda desmentir.

Por teléfono, el personaje tiene todos los ángulos y ninguno. Propongo diez:

1) Monsiváis sin ganas de hablar por teléfono:

—Estoy aterrado —articuló Monsiváis—. Hay unos carpinteros remodelando un mueble de la casa y traen las siglas EPR en los uniformes. Ellos dicen que quiere decir "Ebanistería, pulidos y resanados", pero no les creo una palabra. Por eso no estoy en un buen día. —Y me colgó.

2) Monsiváis reflexionando sobre su generación:

—Dime, sin ofenderme, ¿por qué todos mis compañeros de generación tienen dinero y yo no?

—No sé. Será porque eres honesto.

—Te dije que sin ofenderme.

3) Monsiváis rememorando un viaje a Chiapas:

—Si no ha sido por los compañeros que me llevaban en vilo, no sé qué hago.

—¿Estaba muy resbaloso?

—Deja lo resbaloso. Me caí sólo una vez menos que la presidenta de la CNDH.

4) Monsiváis, el de la memoria y la desmemoria:

—Viene a México (y aquí viene un nombre que no me suena ni vagamente, que no recuerdo, y que para efectos de este guión, llamaremos Mr. Pee).

—¿Quién es Mr. Pee?

—¿No sabes quién es Mr. Pee?

—No, Monsiváis, no lo sé.

—¿No lees cómics?

—Sí, pero no memorizo a los escritores y dibujantes.

—Pues no mereces ver a Mr. Pee en México.

(Nos subimos a un taxi para no caminar tres cuadras).

—¿Usted es el que salió ayer en El calabozo? —le pregunta el taxista a Monsiváis.

—¿De qué habla? —me pregunta Monsiváis.

—Parece que saliste en El calabozo.

—¿Qué es El calabozo? ¿Algo como Almoloya?

—Es un programa en la televisión que, si me permites, está más desacreditado que la India María. ¿De veras fuiste a El calabozo?

—No sé de qué me hablas.

5) Monsiváis recibiendo una noticia mala sobre la situación del país:

—¿Qué? ¿Pero cómo te atreves a hablarme así y darme estas noticias? No tienes ningún derecho de amargarme la comida. Y no iba ni en la sopa.

6) Una opinión:

—¿El nuevo candidato? Ah, me parece una buena persona. Por él, pongo tus manos al fuego.

7) Una promesa solemne:

—Creo que ayer te excediste, Monsiváis. El PRI todavía es mayoría en 25 estados de la República.

—Sí. Pero no tiene asideros. Está acabado.

—¿Para el 2000?

—Te estoy diciendo: acabado.

8) Una crítica:

—Te leí. El título es increíble, pero en la primera línea se cae.

—De plano —le digo, por decirle algo.

—Sí. Se me cayó de las manos y me golpeé la nariz contra la mesa. Pero de eso me di cuenta cuando desperté.

9) Una sorpresa:

—¿No viste Nada personal ayer?

—No.

—Pero, ¿sabes de lo que te hablo? Saliste en el capítulo de ayer.

—Sí. Pero yo no veo televisión. Nunca.

—¿Qué? ¿Tú, el crítico de la televisión?

—Yo no soy crítico de televisión.

—Ah.

—De veras. Todo lo veo en video. No pierdo el tiempo como tú. Oye, ¿de qué vives?

—De escribir.

—De ser crítico de televisión. De eso vives. No lo niegues.

10) El mejor chiste contra él mismo:

—Oye, Monsiváis, ¿que vas a prologar la guía telefónica de la ciudad de México?

—Te informaron mal. Es la Guía Roji.

 

Fabrizio Mejía Madrid es escritor. Su más reciente publicación es Pequeños actos de desobediencia civil (Cal y arena, 1996).

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