el navegante

 

Rodolfo Mata  

Mesmerismo y autómatas

Las máquinas y Poe

Decía Baudelaire que Edgar Allan Poe, desde joven, tuvo una notable aptitud para las ciencias físicas y matemáticas, la cual aplicó con frecuencia en sus extraños cuentos, obteniendo resultados absolutamente inesperados. A pesar de que Baudelaire señala que tenía razones para decir que Poe —esa víctima de Estados Unidos, país gigantesco, infantil, envidioso y recién llegado a la Historia con fe en la omnipotencia de la industria— consideraba estos frutos de la ciencia y la literatura como fáciles prestidigitaciones, no deja de asombrarse ante ellas. Por eso, Baudelaire dedicó un artículo a "La aventurasin par de un tal Hans Pfaal" (1850) —estrambótico relato de un viaje en globo a la luna compuesto como un hoax, es decir, un ingenioso infundio que, después de pasar revista a varios relatos similares, pretende superarlos en la verosimilitud de sus propuestas—. También se ocupó de la "Revelación mesmérica" (1844) —"curiosidad científica", la llama el poeta francés— en la que se presenta un diálogo entre un médico y un hombre que se encuentra "mesmerizado", es decir, bajo los influjos hipnóticos desarrollados como técnica curativa por Franz Friedrich Mesmer (1734-1815) y, por lo tanto, en posibilidad de percibir realidades desconocidas, como la diferencia entre materia y espíritu y el lugar de Dios en ella, inalcanzables para aquel que no se encuentre en esos estados colindantes con el reino de la muerte. Por cierto, Poe dedica otro cuento, "El caso del Sr. Valdemar" (1845), al mesmerismo.

Dice Simon Schaffer (The Mechanical Turk) que, a mediados de la década de 1780, la atención del público por el magnetismo animal (Mesmer llamó así, en 1772, a la fuerza "magnética" que había descubierto y que era capaz de ejercer una influencia notable en el cuerpo humano), se vio distraída por un autómata jugador de ajedrez, conocido como "El Turco", construido por Wolfgang Kempelen (1734-1804), científico eslovaco que diseñó, entre otras cosas, prototipos de miembros humanos artificiales, una máquina de escribir para ciegos y una máquina parlante (hecha de fuelles y gaitas) que imitaba las funciones de los órganos vocales humanos. A final de cuentas, había similitud entre las sesiones mesméricas, que podían reducir a los hombres a meros autómatas, y las máquinas que mostraban cierta "inteligencia humana".

Fue precisamente a este autómata al que Edgar Allan Poe dedicó su ensayo analítico El jugador de ajedrez de Maelzel. Cuando llegó a Estados Unidos, la máquina ya tenía una larga trayectoria pues contaba con la fama de haber vencido al duque ruso Pavel, al rey Federico II de Prusia, a Napoleón Bonaparte y a Catalina II. Había sido adquirida por el ingeniero mecánico J. N. Maelzel —inventor del metrónomo y dueño de su patente— y trasladada en 1825 a Norteamérica. La posibilidad de que dentro de "El Turco" se escondiera un hombre ya había sido propuesta, en 1820, por el londinense Robert Willis, para desmentir que realmente se trataba de un prodigio mecánico, de un pacto con el demonio, de hilos invisibles o fuerzas magnéticas. Sin embargo, el mito sobrevivió mucho más tiempo, tanto por el asombro que causaba el autómata entre el público entusiasta, como por lo bien montada que estaba su exhibición. En 1832, David Brewster compiló los debates en torno a "El Turco" en su Letters on Natural Magic, discusiones que Edgar Allan Poe leyó y cuya consulta menciona en su ensayo. Entre los constructores de autómatas que Poe enumera, siguiendo a Brewster, se encuentran Maillardet, con su Mago, y Vaucanson, con su célebre Pato. Algunas obras de estos autores y otros maravillosos juguetes de la época, como el fumador turco o la "admirable máquina que lo escribe todo", se pueden consultar en la maravillosa Gallery of Automata.

La fascinación por los mecanismos que reproducen la manera y el comportamiento de los seres vivos llevó a Poe a elogiar a estos autómatas, cuyo funcionamiento no tenía secretos, y a cuestionar que "El Turco" fuera realmente una "pura máquina": en aquel entonces, era inconcebible que un mecanismo pudiera "razonar" para elegir entre tantas opciones de acción como se presentan en una partida de ajedrez. Transformado en verdadero Dupin —el detective de "Los crímenes de la Rue Morgue" y de "La carta robada"— Poe muestra sus habilidades para observar, determinar los elementos sospechosos del misterio y aislarlos para producir la irrefutable solución: dentro de "El Turco" forzosamente se escondía un hombre. Aunque Poe no fue el primero que resolvió el misterio (el fraude ya había sido denunciado y exhibido, sin que él lo supiera), la exposición de su razonamiento deductivo es una excelente muestra de ese espíritu científico-literario que tanto elogió Baudelaire y que nos sigue cautivando. En cuanto a Maelzel, resta mencionar que fue sepultado en 1838 en altamar, durante el viaje entre Cuba y EU en el cual murió. Su "Turco" ajedrecista desapareció 15 años más tarde en un incendio en un museo de Filadelfia. Lo recordaremos siempre como parte de la prehistoria de la inteligencia artificial o de las poéticas Tesis sobre filosofía de la historia de Walter Benjamin, en las que la máquina es el materialismo histórico y su operador el enano horrible de la teología.

 

Rodolfo Mata es investigador en el Centro de Estudios Literarios de la UNAM.

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